LA CONCIENCIA RELIGIOSA Y DE CULTOS DESARROLLADA DENTRO DE UN PROCESO HISTORICO-LEGAL
Período de la Conquista y la Colonia (1492 – 1810): una libertad de conciencia religiosa atrapada entre la Cruz y la Espada: cuando la Corona Española inició su proceso de evangelización en las Indias, ésta no se dio dentro de los parámetros de una libertad de conciencia religiosa; desde sus comienzos la conquista se realizó con la cruz y la espada. Justo González lo describe así:
“Hasta el día de hoy perdura ese conflicto en la iglesia que se fundó en aquella era de los conquistadores. Por haber llegado a estas playas bajo el signo de la espada, ciertos elementos dentro de ella se creen en la obligación de continuar bajo ese signo, y seguir acomodando el evangelio a los deseos y conveniencias de quienes detentan el poder. Pero por haber nacido bajo el signo de la cruz, hay en esa misma iglesia quienes insisten en la necesidad de colocar todas las estructuras del poder humano bajo el juicio de la cruz”.
Esta tensión se refleja claramente en la forma como los indígenas asumieron sus rituales religiosos antiguos a escondidas de los conquistadores y la falsedad de su aceptación a las enseñanzas de los misioneros venidos de España; pues se sintieron vulnerados en sus derechos y no entendieron cuáles eran los motivos para dejar de adorar a sus dioses. Esta imposición social destruyó su estructura jerárquica y organizacional, ya que como cualquier pueblo, sus relaciones sociales giraron en torno a su fe, tal como lo expresa Justo González:
“Todo esto sin embargo, no fue únicamente producto de la era de los conquistadores. Desde mucho antes se había ido preparando el camino para semejante interpretación de los acontecimientos. Cuando en el siglo IV comenzó a desarrollarse la teología oficial del Imperio Romano, que tendía a excluir de la proclamación cristiana la necesidad de justicia en las estructuras sociales, y les daba especial autoridad en la iglesia a los poderosos del orden social, se comenzó a preparar la tragedia de la era de los conquistadores. De hecho, éstos no hicieron más que aplicarle a la nueva situación creada por los descubrimientos el modo de entender la fe cristiana, y la misión evangelizadora, que se había creado a través de los siglos para beneplácito de los poderosos”
“Hasta el día de hoy perdura ese conflicto en la iglesia que se fundó en aquella era de los conquistadores. Por haber llegado a estas playas bajo el signo de la espada, ciertos elementos dentro de ella se creen en la obligación de continuar bajo ese signo, y seguir acomodando el evangelio a los deseos y conveniencias de quienes detentan el poder. Pero por haber nacido bajo el signo de la cruz, hay en esa misma iglesia quienes insisten en la necesidad de colocar todas las estructuras del poder humano bajo el juicio de la cruz”.
Esta tensión se refleja claramente en la forma como los indígenas asumieron sus rituales religiosos antiguos a escondidas de los conquistadores y la falsedad de su aceptación a las enseñanzas de los misioneros venidos de España; pues se sintieron vulnerados en sus derechos y no entendieron cuáles eran los motivos para dejar de adorar a sus dioses. Esta imposición social destruyó su estructura jerárquica y organizacional, ya que como cualquier pueblo, sus relaciones sociales giraron en torno a su fe, tal como lo expresa Justo González:
“Todo esto sin embargo, no fue únicamente producto de la era de los conquistadores. Desde mucho antes se había ido preparando el camino para semejante interpretación de los acontecimientos. Cuando en el siglo IV comenzó a desarrollarse la teología oficial del Imperio Romano, que tendía a excluir de la proclamación cristiana la necesidad de justicia en las estructuras sociales, y les daba especial autoridad en la iglesia a los poderosos del orden social, se comenzó a preparar la tragedia de la era de los conquistadores. De hecho, éstos no hicieron más que aplicarle a la nueva situación creada por los descubrimientos el modo de entender la fe cristiana, y la misión evangelizadora, que se había creado a través de los siglos para beneplácito de los poderosos”
La gran Colombia (1821 – 1830): una libertad de conciencia religiosa encarcelada por la hegemonía eclesial: según la Constitución Bolivariana del 5 de Mayo de 1830 en su Título II: De la Religión Colombiana:
Artículo 6.- La religión Católica Apostólica Romana es la religión de la República.
Artículo 7.- Es un deber del Gobierno, en ejercicio del patronato de la iglesia colombiana, protegerla y no tolerar el culto público de ningún otra.
Se puede observar que la Constitución Bolivariana legalizó los privilegios de protección a la Iglesia Católica que hasta el momento eran derechos consuetudinarios aceptados por la comunidad y afianzó la prohibición de otros credos o cultos religiosos. Esta posición permaneció hasta 1843, con una pequeña apertura de permitir otros cultos, sin que esto amenazara los privilegios religiosos que poseía la Iglesia Católica. En este período ya se dan indicios de libertad de conciencia religiosa, pero dicho logro no duró mucho tiempo debido al desmoronamiento de la Gran Colombia y la re-estructuración de la Nueva Granada que en su Carta Magna renovó los privilegios de protección a la Iglesia Católica y no dio espacio para las otras confesione
Artículo 6.- La religión Católica Apostólica Romana es la religión de la República.
Artículo 7.- Es un deber del Gobierno, en ejercicio del patronato de la iglesia colombiana, protegerla y no tolerar el culto público de ningún otra.
Se puede observar que la Constitución Bolivariana legalizó los privilegios de protección a la Iglesia Católica que hasta el momento eran derechos consuetudinarios aceptados por la comunidad y afianzó la prohibición de otros credos o cultos religiosos. Esta posición permaneció hasta 1843, con una pequeña apertura de permitir otros cultos, sin que esto amenazara los privilegios religiosos que poseía la Iglesia Católica. En este período ya se dan indicios de libertad de conciencia religiosa, pero dicho logro no duró mucho tiempo debido al desmoronamiento de la Gran Colombia y la re-estructuración de la Nueva Granada que en su Carta Magna renovó los privilegios de protección a la Iglesia Católica y no dio espacio para las otras confesione
Aunque la constitución colombiana de 1991 garantiza la libertad de culto y la igualdad de todas las creencias ante la ley y no declara oficial ninguna religión, el culto predominante en Colombia es el cristianismo y la principal confesión mayoritaria es el catolicismo (rito latino), con hasta un 93% de la población nacional que se declara como tal o están registrados como católicos, aunque dentro de esa misma población se pueden contar grupos de indiferentes religiosos. Estas cifras toman en cuenta el porcentaje de bautismos católicos, que no necesariamente refleja el número de creyentes. El 7% restante hace parte de confesiones protestantes, principalmente de las corrientes evangélicas estadounidenses, pentecostales y neopentecostales y una pequeña porción de las iglesias cristianas históricas distintas de la católica (presbiteriana, episcopal o anglicana, bautista, menonita, metodista). La iglesia evangélica con mayor número de miembros es la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, con más de 3000 congregaciones y presencia en todos los departamentos del país. Otra parte de la población pertenece a religiones como los Testigos de Jehová, Adventistas, Mormones, Unitarios Universalistas. También se encuentran pequeñas representaciones de las otras grandes religiones monoteístas: musulmanes y judíos, además de sectas y grupos de origen budista y taoísta. En las comunidades indígenas y afro americanas generalmente asumidas como católicas, se pueden encontrar prácticas ancestrales de cada uno de los pueblos que las conforman, en muchos casos en sincretismo con el cristianismo y excepcionalmente aisladas.
Hasta la constitución de 1991, el cristianismo católico era la religión oficial del Estado, el país estaba consagrado al Sagrado Corazón de Jesús y de manera recurrente los periodistas y columnistas de opinión usan ese hecho para referirse al "país del Sagrado Corazón".
Hoy se ha abierto la posibilidad para una gran diversidad de creencias, incluida la actividad de los ateos que en el año 2001 realizaron, en Bogotá, el Primer Congreso Mundial de Ateos
Hasta la constitución de 1991, el cristianismo católico era la religión oficial del Estado, el país estaba consagrado al Sagrado Corazón de Jesús y de manera recurrente los periodistas y columnistas de opinión usan ese hecho para referirse al "país del Sagrado Corazón".
Hoy se ha abierto la posibilidad para una gran diversidad de creencias, incluida la actividad de los ateos que en el año 2001 realizaron, en Bogotá, el Primer Congreso Mundial de Ateos
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